JORGE FRANCISCO VÉLEZ BAUTISTA

Originario de la ciudad de Córdoba, Veracruz. Licenciado en Derecho por el Centro de Estudios Superiores de Córdoba, Maestro en Derecho Contractual, Notarial y Registral por la Escuela Libre de Derecho de Puebla y Doctor por la Escuela Libre de Ciencias Políticas y Administración Pública de Oriente campus Xalapa.

 

Diplomados en Análisis Político y en Perspectiva Política. Abogado postulante y catedrático universitario en el Centro de Estudios Superiores de Córdoba.

 

Ex funcionario público de los tres niveles de gobierno, miembro fundador de Ciudadanos Comprometidos A.C. y  de Participación Veracruzana A.C., Presidente del Patronato de Ex Alumnos de la ESBAO y acreditado por la Comisión Estatal de Derechos Humanos en Veracruz como promotor voluntario de los derechos humanos.

LOS TRATADOS DE CÓRDOBA

24/08/2021

“Hemos logrado desatar el nudo sin romperlo”… Decía Agustín de Iturbide aquel 24 de agosto de 1821, hace ya doscientos años, en referencia a la emblemática firma de los Tratados de Córdoba, acontecimiento que pone a nuestra querida ciudad de Córdoba, Veracruz en el centro de los festejos con motivo del bicentenario de la consumación de la independencia de México.

 

En reiteradas ocasiones se ha dicho que somos una nación peculiar, respecto a la conmemoración de nuestros acontecimientos históricos que dieron origen a este país como nación soberana, acostumbramos festejar de manera anual cada 15 de septiembre, el inicio de la guerra de independencia, aquel acontecimiento encabezado por el cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, y por lo regular el colectivo público deja en el olvido la celebración de la consumación de la independencia, consumación que tiene su base en tres documentos históricos; el conocido como Plan de Iguala, los Tratados de Córdoba y el Acta de Independencia, a lo que llamo la trilogía de los documentos fundacionales de México.

 

Pero, ¿Por qué se deja a un lado de la memoria histórica colectiva a los Tratados de Córdoba? Sencillamente porque su firma y proyección fue idea de Agustín de Iturbide, y este, como muchos personajes más de la historia de México, han sufrido el descrédito, descalificaciones y desconocimiento incluso como consumador de la independencia de México, al grado mismo de que durante una época, el gobierno de nuestro país decretó reconocer exclusivamente a Vicente Guerrero como el consumador de la independencia de México, pretendiendo desacreditar el papel fundamental de Iturbide en esta etapa de nuestra historia.

 

Los Tratados de Córdoba son de trascendencia internacional, debido a que es el documento por el cual una autoridad española, legítimamente designada para ejercer su cargo, como lo fue Don Juan O´Donojú, reconoce la independencia de México respecto a España. Es cierto que el rey de España desconoció el contenido y validez de este documento, pero también lo es que la independencia de México y el surgimiento de lo que fuera el Imperio Mexicano, eran una inminente realidad fáctica.

 

El contenido de los Tratados de Córdoba es muy concreto, contenía los postulados que se habían plasmado en el Plan de Iguala, declaraban a nuestro país como una nación independiente de España, decretaban que se reconocería a la religión católica como la única y la oficial de la nueva nación independiente, pero lo más importante, lo que representó el éxito de este documento, fue que ordenaba que todos los americanos, entendidos así todos los habitantes de este continente, serían reconocidos como iguales, sin distinción de clases sociales o de preferencias políticas, eliminaba así el inhumano sistema de castas implementado por la Corona Española en el Virreinato de la Nueva España; esta última garantía, permitía hacer realidad los ideales que les habrían costado la vida a Hidalgo, Morelos, Allende, Mina, y muchos insurgentes más, por lo que representó la garantía fundamental para que todos los habitantes de esta nueva nación soberana sembraran en sí mismos la semilla de la identidad nacional.

 

A lo largo de nuestra historia, Agustín de Iturbide ha sido condenado y vituperado por la “historia oficial”, pero hay que ser realistas, y analizar el actuar histórico nacional de Iturbide no como un héroe ni como un villano, únicamente como un ser humano con errores y virtudes como cualquiera de nosotros, pero con una gran diferencia respecto a muchas personas de su época, tenía una visión distinta de la realidad de nuestro país, su gran característica era su conveniente visión a futuro, sin duda la convicción de Iturbide era dotar a nuestro país de un destino, de una razón de ser, de un objetivo, ser una gran nación. Es necesario que los mexicanos hagamos una revisión analítica de la biografía de este personaje, no más emotiva que racional.

 

La conmemoración del Bicentenario de la Firma de los Tratados de Córdoba, representan la oportunidad perfecta para reivindicarnos con Agustín de Iturbide, a quien defender no implica defender postulados monarquistas ni menos aún dictatoriales, por el contrario es reconocer la labor y capacidad política de un mexicano que logró dar fin por medio del ejercicio puro del quehacer político, a una guerra que costó miles de vidas mexicanas y que se había prolongado por más de diez años; porque reivindicar nuestra historia como mexicanos, es reivindicar a la patria y por consecuencia reivindicarnos a nosotros mismos.

jvelez314@hotmail.com